Asaltan un colectivo misionero con armas largas y obligan a las pasajeras a desnudarse

Había salido el lunes desde Posadas hacia Florianópolis. Los maleantes frenaron el viaje a los tiros, tomaron el control y manejaron quince kilómetros por un camino rural. Golpearon a dos mujeres y a los choferes. Lograron huir.

Una verdadera pesadilla fue la que vivieron en la noche del último lunes dos mujeres y los dos choferes de un colectivo misionero que viajaba hacia Florianópolis, tras ser asaltados por tres delincuentes que portaban armas largas y que incluso obligaron a las pasajeras a desnudarse, después de tomar el control del vehículo durante quince kilómetros.

El violento episodio tuvo lugar en la noche del último lunes en la localidad de Ponte Serrada, en el estado de Santa Catarina, a 257 kilómetros de la frontera seca entre Bernardo de Irigoyen y Dionisio Cerqueira. Los delincuentes incluso agredieron a golpes de puño y patadas a las cuatro víctimas, quienes de todas maneras sufrieron lesiones que no serían de gravedad.

Balazos y drama
Según pudo saber PRIMERA EDICIÓN, el drama tuvo lugar alrededor de las 22 del lunes sobre la ruta nacional BR-282, por donde el interno 1.133 de la firma Crucero del Norte transitaba en dirección a Florianópolis.

El viaje había comenzado por la mañana, alrededor de las 10.30, en la terminal de ómnibus de Posadas. Allí subieron las dos únicas pasajeras, una joven de 26 años y una jubilada de 71.

Sin mayores sobresaltos trascendía el viaje hasta pasar la zona urbana de Ponte Serrada. Entonces, un vehículo particular comenzó a seguir al colectivo, hasta que logró ponerse a la par en una pendiente ascendente. Allí los ocupantes abrieron fuego contra la puerta lateral del Volvo y dañaron también el cristal de una de las ventanillas.

Los choferes, ambos misioneros, no tuvieron más opciones que detener el recorrido. Al colectivo subieron entonces dos delincuentes, cada uno con una escopeta de doble caño. Uno de ellos ocupó el volante, mientras que el otro se encargó de reunir y amedrentar a las pasajeras y a los colectiveros, de 53 y 55 años.

Fueron momentos de terror. El ladrón condujo el colectivo de dos pisos hasta un camino vecinal -de tierra- por el que avanzó unos quince kilómetros. En ese trayecto, su compañero se apropió de teléfonos celulares, alrededor de 10 mil pesos, algunos reales, cuatro botellas de vino argentino y otros elementos de valor que transportaban las víctimas. Incluso se quedaron con las valijas de las pasajeras.

No fue lo único que hicieron. Bajo total oscuridad y en el medio de la nada, las dos mujeres fueron obligadas a desnudarse, al parecer ante las sospechas que tenían los malvivientes de que pudieran esconder objetos de valor entre sus prendas íntimas.

El conductor que sospechó
Lo que los delincuentes no sabían era que, minutos antes, un automovilista había dado aviso a la Policía Militar sobre una extraña circunstancia: un colectivo argentino de dos pisos era custodiado por un vehículo particular y ambos habían girado hacia un camino terrado.

Eso permitió a los uniformados agilizar su trabajo. Los policías avanzaban por la picada cuando se toparon con el Fiat Marea en el que viajaban tres delincuentes. Al verse descubiertos, los ladrones se bajaron del auto y emprendieron la fuga a pie. Se internaron en la vegetación y desaparecieron.

En ese vehículo, los efectivos hallaron las pertenencias de las víctimas. No obstante, continuaron viaje por el camino terrado hasta encontrar a las dos mujeres y los choferes, quienes caminaban en medio de la noche en busca de ayuda.?Ese fue el final de la pesadilla.

Ante las autoridades, las cuatro víctimas brindaron un relato propio de una película de terror. Tal como lo confirmaban las lesiones que habían sufrido, contaron que los maleantes se ensañaron a golpes de puño y patadas, razón por la que todos fueron derivados a un centro asistencial próximo para recibir curaciones.

La situación derivó en una operación múltiple entre varias fuerzas brasileras en busca de los autores del hecho. El colectivo, que debía arribar a la capital catarinense ayer a las 7, finalmente tenía previsto llegar a las 19. Tanto las pasajeras como los choferes permanecieron hasta ayer de madrugada en la comisaría local prestando declaración sobre los minutos de temor que vivieron.