Entró a una casa, robó una garrafa pero al salir se dejó un dedo en la reja

Ocurrió en la Zona Oeste de Posadas. El acusado, de 19 años, fue atendido y dado de alta. Escapó antes que llegue la Policía.

Dos sorpresas se llevó el sábado por la tarde un vecino de la Zona Oeste de Posadas, quien al volver a casa descubrió que le habían robado una garrafa. Como pocas veces, el autor del hecho dejó mucho más que huellas en la escena: sobre la reja, en una de las púas “antiladrones”, el denunciante descubrió uno de los dedos del delincuente.

La insólita historia tuvo lugar en una vivienda de la chacra 135, hasta donde efectivos de la comisaría seccional Séptima arribaron sin poder creer lo que habían escuchado por teléfono. Pues bien, en la escena, allí estaba: el malviviente se había “ganado” una garrafa, pero había perdido un dedo.

El hecho se conoció alrededor de las 16.30, en momentos en que un hombre de 37 años arribó a su vivienda de la calle Tripepi, entre las avenidas Blas Parera y Almirante Brown.

Había salido al mediodía para compartir un almuerzo con allegados y era el momento de aprovechar el sábado para descansar. Nada de eso sucedería. Enseguida vio frustradas sus intenciones al descubrir que malvivientes desconocidos habían ingresado al predio sin ejercer violencia y se habían alzado con una garrafa de diez kilogramos -de color amarillo- que se encontraba en el patio trasero.

Sin embargo, esa no fue la única sorpresa. Al intentar reconstruir el camino de los ladrones, el propietario notó un elemento extraño adherido a una de las púas de la reja. Se acercó y, pese a aclarar las visión con sus manos, no entendió de que se trataba. Recién al ver de cerca lo entendió: en su fuga, uno de los malvivientes sufrió la pérdida de uno de los dedos de la mano.

Inédito. Así calificaron los propios policías de la comisaría Séptima que arribaron a la escena, quienes también quedaron perplejos ante el hallazgo. Para quienes sin dudas fue un elemento de prueba contundente para los criminalistas, quienes por primera vez acompañaron el levantamiento de huellas dactilares con el secuestro del dedo que las había dejado. De no creer.

Ante la situación, los investigadores rastrearon la posible asistencia de amputados en los centros asistenciales de Posadas. Se supo entonces que un joven de 19 años, conocido por sus andanzas en el mundo delictivo, se había atendido primeramente en el Hospital René Favaloro de Villa Cabello, y desde allí, derivado al Ramón Madariaga.

Cuando llegaron al Parque de la Salud, los médicos confirmaron las sospechas en cuanto a la identidad del buscado, pero dieron una mala noticia: ya había sido dado de alta.