“No me podía quedar sin hacer nada y me tiré del auto”

El relato de la mujer que fue baleada por sus captores. Adriana Archieri es empleada y atleta. El 7 de marzo la secuestraron junto a su hermana y una amiga. Escapó, pero el tiro del asaltante le perforó un pulmón. “Creí que me moría”, cuenta. Sigue internada.

“No me podía quedar sin hacer nada y me tiré del auto”
En recuperación. Adriana, ayer, en la cama de la clínica donde está internada. “El miedo queda. Veré si hago terapia para superar esto”, contó.

” Me tiro, me tiro, me tiro” , pensaba Adriana Archieri (41), nerviosa, en silencio, buscando la oportunidad, el segundo que imaginaba. En el asiento trasero, uno de los ladrones insistía conpegarle culatazos en la cabeza a su hermana, que no paraba de llorar, y amenazaba a su amiga Patricia con violarla y cortarle un dedo . Ya había pasado más de una hora desde el momento en que tres asaltantesvestidos de policías les habían cruzado un coche cuando salían de cenar de la casa de su madre, en Vicente López.

Ocurrió hace 17 días. Ahora Adriana habla por primera vez tras aquella madrugada de infierno. Le cuenta a Clarín : “Me estoy recuperando bien. Los médicos dijeron que ayudó mucho el hecho de que yo fuera una mujer sana e hiciera ejercicios. No veo la hora de volver a entrenar”. Adriana trabaja como empleada y es triatleta. Cuando se tiró del auto en el que iba secuestrada, los ladrones le dispararon y la bala le perforó un pulmón . Aún no volvió a caminar.

Hace apenas dos días que salió de terapia intensiva –donde estuvo al borde de la muerte– y está sentada en una cama de la Clínica Agote. La acompaña Patricia, la dueña del coche secuestrada junto a Adriana y su hermana.

Aquella noche, mientras estaba cautiva, la idea empezó a taladrarle la cabeza de a poco.

“Ta, ta, ta” , repite, buscando recrear ese momento, como si la imagen previa al salto se le hubiera instalado como una obsesión. “Ellosdisfrutaban mucho lo que hacían, era como una tortura . Pero yo notaba que estaban poniéndose muy nerviosos y cada vez eran más violentos. No teníamos posibilidad de nada, era claro que nos iban a seguir torturando”, describe ella. Su voz parece raspada. Se oye calma. Tantea un vaso, toma agua y sigue.

“En un momento vi que estábamos en la General Paz, vi a la Policía y pensé: ‘Yo me tiro acá, quedarme acá arriba va a ser peor’ . La decisión fue pensada.

No me podía quedar sin hacer nada y me tiré del auto ”. Adriana iba en el asiento del acompañante, al lado del ladrón que manejaba. Detrás iban María Julia y Patricia, vigilados por otro de los asaltantes, el más violento. El tercer hombre conducía el 308 robado. Entre ellos hablaban por handy.

Los autos iban por la colectora. Y fue allí que Adriana vio la primera garita de Policía. “Me quise matar por no poder tirarme ahí. Tenía colocado el cinturón de seguridad, me había perdido una muy buena oportunidad. Y al llegar a la segunda garita ya había logrado sacarme el cinturón. En ese instante lo resolví. El que conducía estaba distraído, hablando a través del handy, manejando y llevaba el arma entre las piernas ”, describe.

“Me había desabrochado el cinturón, despacio. Y lo sostuve para que no se soltara del todo, sino el ladrón que iba atrás iba a darse cuenta. Fue entonces que llegamos a un semáforo. Hice todo rápido, en un solo movimiento destrabé y abrí la puerta. Y justo cuando estaba tirándome, el coche arrancó.

Yo caí como en cuclillas. Y el ladrón que vigilaba a Patricia y a mi hermana sacó el arma por la puerta y me disparó. Me tiró a matar. Creí que me moría ahí.

Además, las chicas seguían secuestradas”.

–¡Para qué le tiraste! ¡Ahora nos va a seguir la cana!– , gritó el hombre que manejaba. Fue un momento caótico, unos minutos de incertidumbre para las mujeres que seguían cautivas e imaginaron el peor final. El tercer hombre, desde el 308, puso un poco de calma a la situación.

“Tiralas a esas dos y rajemos” , ordenó.

Fue así como, unos 400 metros más adelante, Patricia y María Julia, de repente, se encontraron abrazadas y rodando por el pasto . El ladrón, que hasta entonces había llevado a Patricia encañonada, de alguna manera empujó a ambas mujeres fuera del auto en movimiento. Patricia tenía su camisa bañada en sangre . En todo momento había intentado abrazar y calmar a María, que lloraba y recibía culatazos: “Ella estaba muy nerviosa, no dejaba de llorar. Y en vez de callarse les pedía disculpas a los tipos, que se ponían más nerviosos ”. Los ladrones escaparon y todavía siguen prófugos .

Adriana, habiéndose tirado del auto, se paró como pudo. Nunca escuchó el disparo, pero sabía que estaba herida . “Veía sangre como saliendo del pecho”, dice. Caminó hasta la garita (en Emilio Castro y General Paz) y allí avisó a la Policía lo que estaba ocurriendo. Unos 25 minutos más tarde, fue llevada de urgencia al Hospital Santojanni, donde la operaron varias veces y la salvaron de una muerte segura .

“¿Si lo volvería a hacer? Fue un momento, un instante único. No sé qué haría si tuviese que pasar por una situación similar. En general yo soy la impulsiva y mi hermana la tranquila. Pero ahí pasó todo lo contrario. De alguna manera elegí el lugar para tirarme, si hubiéramos ido por otro lado o por el medio de la General Paz, no creo que hubiera podido saltar”, imagina Adriana. “Al ver la garita, vi una salida. No soy paranoica, no suelo tener miedo. Pero con algo así, se te pasan muchas cosas por la cabeza.

El miedo queda y cuando salga veré, deberé hacer terapia para superar esto ”, concluye.

Fuente: Clarin.com