RESPECTO DE LAS MUERTES DE LOS MOTOCICLISTAS… LA OPINIÓN DEL OBISPO BITAR

La muerte de cuatro jóvenes que conducían motocicletas, ocurrida este fin de semana, trajo a mi memoria una nota publicada en noviembre pasado por la “Red de Familia-Obispado de Oberá”, titulada “Las motos nos invaden ¿quién se hace cargo?”.
La misma, comentaba un artículo publicado en un diario del interior en donde se destacaban algunas expresiones: “Son diversos los factores que contribuyen a que en los últimos años se haya incrementado y masificado el uso de las motocicletas. Ocurre en casi todo el mundo y Argentina no es la excepción. Sea por los costos más accesibles que un auto, la facilidad de los créditos, por la economía de consumo de combustible, por lo práctico y ágiles que son los motovehículos, por el poco espacio que requiere para su guarda… la cuestión es que las calles y rutas se ven invadidas por las dos ruedas… Pero también es cierto que en proporción directa al crecimiento del mercado las motos ocupan una franja predominante en los accidentes de tránsito, agravados por las velocidades, la imprudencia, el consumo de alcohol, la impericia y, en muchos casos, por la falta de uso del casco protector. Todo ello sumado a la utilización indebida en la cantidad de tripulantes”.
De esta constatación, no es ajena nuestra ciudad y Provincia, en la que diariamente se acrecienta el número de heridos y muertos por accidentes de motos, a los que lamentablemente nos vamos acostumbrando… un fenómeno que algunos denominan “sangría silenciosa” que corta abruptamente la vida de decenas de personas, mayoritariamente jóvenes, enlutando a numerosas familias.
Quisiera volver a recordar las preguntas que planteaba la “Red de Familias”, que por otra parte son temas de conversación de casi todos los ciudadanos:
¿Son suficientes los controles de tránsito? ¿Se realizan en forma permanente, en el centro y en los barrios? En “la noche”, ¿quién controla a los “dueños” de la calle? ¿Quién controla y sanciona a los que con escape libre ensordecen a la comunidad a cualquier hora del día y de la noche? Además debemos preguntarnos: Al comprar una moto, ¿miden hoy los padres la peligrosidad que tiene su uso?; ¿Conocen que por lo general los adolescentes y jóvenes ven el peligro y la muerte “muy lejos”, o sólo “para otros”, lo cual los expone a vivir “al límite”, porque “a mí no me pasará nada…?”. No hace falta ser expertos en esta materia, para afirmar que si el tema “tránsito” no se transforma en política de estado nacional, provincial y municipal, incrementando la inversión en personal, educación, leyes y ordenanzas; la “vía de los hechos” nos seguirá golpeando con noticias de nuevas víctimas de las que no estamos exentos ninguno de nosotros.